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BOSQUES VIVOS, COMUNIDADES FUERTES Y MADERA CON IMPACTO POSITIVO
Una transformación poderosa está tomando lugar en algunas de las regiones más biodiversas de Colombia. No sólo se protegen los bosques, se redefine la relación entre las personas y su entorno natural a través de la forestería comunitaria, un modelo que demuestra que es posible vivir del bosque sin destruirlo.
En el Urabá antioqueño, muchas comunidades aprovechan la madera como fuente de sustento. Aunque existen iniciativas de manejo forestal legal y sostenible, también persisten prácticas informales o no sostenibles que ha puesto en riesgo a los bosques y al bienestar humano. Este territorio, especialmente en las zonas rurales, se enfrenta a retos significativos como ingresos bajos, acceso limitado a servicios públicos, educación, y oportunidades recreativas, junto con altos niveles de empleo informal.
Por esto WWF implementa un modelo de manejo forestal participativo que busca fortalecer los medios de vida de las comunidades al mismo tiempo que se protegen los bosques y este año está presente junto con otras organizaciones miembros del Pacto Intersectorial por la Madera Legal, en interzum bogota, feria industrial del mueble y la madera.
Este esfuerzo ha permitido a organizaciones comunitarias como la Asociación de productores agrosilvopastoriles sostenibles de Abibe (ASPROABIBE) tecnificar sus procesos, a través de capacitaciones, dotación de maquinaria, y participación en ruedas de negocios para vender madera legal y sostenible a precios más competitivos, impactando directamente en su sustento y calidad de vida.
Una herramienta contra la deforestación
La forestería comunitaria se ha consolidado como una de las estrategias más efectivas para mitigar la deforestación. A diferencia del aprovechamiento tradicional, este modelo busca que las comunidades que viven en y de los bosques, puedan usar sus recursos de manera planificada, legal y sostenible, combinando dimensiones sociales, económicas y de conservación. A través de talleres técnicos los participantes han adquirido habilidades para realizar el monitoreo comunitario participativo, una práctica en la cual quienes habitan el territorio, se encargan de conocer, registrar y cuidar su bosque de manera que apropien saberes ancestrales y conocimientos tradicionales.
¿Cómo funciona este proceso? Los monitores forestales, como ocurre en San Vicente de Chucurí (Santander), realizan tareas precisas para recolectar datos que permitan administrar el ecosistema como:
- La identificación de especies, mediciones de altura y del diámetro de los troncos para estimar el volumen de los árboles.
- Mediciones de abundancia y dominancia de las especies.
- Realizar la georreferenciación con coordenadas y mapas para registrar la ubicación exacta de cada individuo forestal.
Adicionalmente los y las monitoras realizan la identificación de amenazas y cambios, lo que permite a los habitantes locales estar alerta ante cualquier alteración en su entorno, como la deforestación, el uso no sostenible de los recursos o la presencia de actividades ilegales y así proponer soluciones concretas, ya que cuentan con datos valiosos para la toma de decisiones informadas, conectando las necesidades locales con estrategias de conservación a nivel global.
El monitoreo comunitario no es solo una estrategia de conservación, es una herramienta para la transformación social. Al fortalecer las capacidades y promover el liderazgo comunitario, se construyen las bases para un desarrollo inclusivo y sostenible en las zonas más desafiantes de Colombia. Además, el liderazgo de las mujeres ha sido clave, especialmente en la gestión de semillas y la restauración, lo que fortalece tanto la biodiversidad como su independencia económica.
Santander y Cauca: historias de liderazgo y esperanza
En San Vicente de Chucurí (Santander), la Asociación Agroforestal de Chucurí (ASAFCH) es otro ejemplo de resiliencia. Líderes ambientales quienes pasaron de ser aserradores informales a defensores de la naturaleza, a través del monitoreo forestal, encabezan este cambio. En sus fincas, implementan sistemas agroforestales donde el café y el cacao conviven con árboles que protegen el agua y permiten el regreso de la fauna local.
Por otro lado, en Guapi (Cauca), la comunidad afrodescendiente de Guapi Abajo ha creado Asobogua una asociación que busca proteger especies maderables valiosas, como el chachajo y el chanul, de la extracción ilegal por parte de foráneos.
Así las comunidades son los protagonistas del cuidado y gestión de sus recursos naturales, con un sólido sentido de pertenencia en torno a su territorio.
Bosques sanos, personas sanas
La importancia de la forestería comunitaria trasciende lo económico. La conservación y el manejo responsable de los bosques son fundamentales para la salud humana, pues actúan como una barrera natural. Su degradación y fragmentación aumentan el riesgo de enfermedades zoonóticas, como el COVID-19 o el virus del Zika, al facilitar el contacto entre patógenos animales y humanos. Además de prevenir pandemias, los bosques saludables reducen el estrés, limpian el aire y el agua, y mitigan los efectos del cambio climático, protegiendo a las comunidades de eventos naturales extremos.
Las empresas forestales comunitarias en nuestro país enfrentan desafíos enormes: altos costos de operación por la complejidad geográfica, falta de vías de acceso y la competencia desleal del mercado ilegal, entre otras.
Por eso es clave preguntarse de dónde proviene la madera que compramos y elegir siempre madera legal y sostenible a través de plataformas como www.elijamaderalegal.com. Esta es una forma de conocer más y juntos seguir protegiendo el patrimonio natural de todos los colombianos.
La apuesta es clara: conservar el bosque es el negocio más rentable para el futuro de una vida en armonía con la naturaleza y en esta edición de la feria interzum bogota “Raíces del futuro” participamos junto a los actores comunitarios, quienes son los principales protagonistas de los procesos de monitoreo forestal sostenible en nuestro país.